El intestino como segundo cerebro
El intestino y el cerebro se hablan todo el rato. Lo que no está tan claro es cuánto de lo que se dice sobre esa conversación está probado en personas.
6 min de lectura · 6 referencias · Actualizado el 11 de septiembre de 2026
El intestino y el cerebro están conectados por un sistema de señales nerviosas, hormonales e inmunitarias que se conoce como el eje intestino-cerebro, y la microbiota intestinal participa en esa comunicación. Eso es lo que está bien establecido. Lo que conviene manejar con más cuidado es hasta dónde llega esa influencia en las personas, porque buena parte de lo más llamativo del tema, incluida la idea de que una bacteria concreta puede cambiar tu ánimo, viene de estudios en ratones, no en humanos.
Qué es el eje intestino-cerebro
El sistema nervioso entérico, la red neuronal que recubre el tubo digestivo, funciona con suficiente autonomía como para que se le llame «segundo cerebro», aunque no piensa ni decide como el primero. Se comunica con el sistema nervioso central por tres vías principales: el nervio vago, que conecta directamente intestino y cerebro; señales inmunitarias, como las moléculas inflamatorias que produce la mucosa intestinal; y señales químicas, entre ellas neurotransmisores que las bacterias intestinales ayudan a producir o modular, como la serotonina [1].
De hecho, más del 90 % de la serotonina del cuerpo se sintetiza en el intestino, no en el cerebro, producida principalmente por las células enterocromafines de la mucosa [1]. Eso no significa que esa serotonina intestinal llegue al cerebro y cambie el ánimo directamente: cumple funciones sobre todo locales, como regular la motilidad digestiva. La conexión con el estado de ánimo es más indirecta, y es aquí donde conviene separar lo que se ha visto en personas de lo que solo se ha visto en animales.
Qué se ha observado en personas
La evidencia en humanos es, sobre todo, de asociación. Una revisión sistemática y metaanálisis de decenas de estudios encontró que las personas con trastornos psiquiátricos, entre ellos depresión, trastorno de ansiedad y trastorno bipolar, presentan de forma consistente una composición de la microbiota intestinal distinta a la de personas sin ese diagnóstico, con menor abundancia de algunos grupos productores de ácidos grasos de cadena corta [2].
Eso es un hallazgo real y replicado, pero hay que leerlo con precisión: dice que la composición de la microbiota está asociada a esos cuadros, no que la disbiosis los cause, ni que corregir la microbiota los cure. La dirección de la causalidad no está resuelta: es igual de plausible que un estado de ánimo alterado cambie la alimentación, el sueño o el tránsito intestinal y eso, a su vez, cambie la microbiota, que lo contrario. Una revisión amplia del eje intestino-cerebro en humanos y animales insiste en el mismo punto: la mayoría de los mecanismos están bien descritos en modelos animales, y su papel exacto en la salud mental de las personas todavía se está delimitando [3].
Qué solo se ha visto en animales
Aquí está la evidencia más llamativa, y también la que menos se puede trasladar directamente a las personas.
En ratones criados sin ningún microorganismo (ratones libres de gérmenes), la ausencia de microbiota altera el desarrollo del sistema nervioso central y modifica conductas relacionadas con la ansiedad, comparado con ratones con microbiota normal [4]. Y en otro experimento con ratones, colonizar el intestino con determinadas bacterias productoras de esporas fue suficiente para aumentar la producción de serotonina por parte de las células intestinales [1].
Estos experimentos son la base de gran parte de lo que se lee sobre «bacterias que controlan tu ánimo». Son sólidos dentro de su diseño, pero se hacen en animales criados en condiciones que no existen en personas, y no hay forma ética de reproducir exactamente ese experimento en humanos. Que algo se demuestre en un ratón libre de gérmenes no significa que se pueda extrapolar sin más a una persona con su microbiota habitual.
Dieta, microbiota y bienestar emocional: qué dicen las revisiones
Aquí la evidencia en humanos es algo más sólida, porque viene de ensayos de intervención con dieta, no solo de observación.
Un metaanálisis de ensayos aleatorizados controlados encontró que mejorar la calidad de la dieta, con intervenciones de distinto tipo, se asoció a una reducción significativa de los síntomas de depresión, aunque el efecto sobre la ansiedad fue más discreto y menos consistente entre estudios [5]. Una revisión de los mecanismos que podrían explicarlo señala varias vías plausibles, entre ellas la inflamación de bajo grado, el eje intestino-cerebro y los metabolitos que produce la microbiota al fermentar fibra, como los ácidos grasos de cadena corta [6]. Son mecanismos razonables y coherentes con lo anterior, pero los propios autores son claros en que se necesitan más ensayos para confirmar cuánto pesa cada vía.
Lo que esto no es
Nada de lo anterior convierte al intestino en una explicación completa del estado de ánimo, y menos en un tratamiento. Un test de microbiota no diagnostica ansiedad ni depresión, ni un cambio de dieta o un probiótico sustituyen la valoración y el tratamiento de un profesional de salud mental. Si la tristeza, la ansiedad o la irritabilidad son persistentes o interfieren con el día a día, lo que corresponde es buscar esa ayuda, no una prueba de heces. Lo que sí es razonable es entender que el cuidado de la microbiota, con fibra variada, alimentos fermentados y menos ultraprocesados, forma parte de una base de bienestar general, junto con el sueño, el movimiento y la gestión del estrés, no un sustituto de ninguno de ellos.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el eje intestino-cerebro? El sistema de comunicación nerviosa, hormonal e inmunitaria entre el intestino y el cerebro, en el que participa la microbiota intestinal. Usa entre otras vías el nervio vago y neurotransmisores como la serotonina.
¿Es verdad que la mayoría de la serotonina se produce en el intestino? Sí, más del 90 % se sintetiza ahí, sobre todo en las células enterocromafines de la mucosa. Cumple funciones principalmente locales, como regular la motilidad digestiva; no equivale a serotonina cerebral.
¿La microbiota causa la depresión o la ansiedad? No está demostrado. Hay asociación entre la composición de la microbiota y estos cuadros en estudios con personas, pero la dirección de la causa no está resuelta y podría ir en ambos sentidos.
¿Qué se ha demostrado solo en animales? Que la ausencia total de microbiota altera el desarrollo del sistema nervioso y la conducta en ratones, y que colonizar el intestino de ratones con ciertas bacterias aumenta la producción de serotonina intestinal. No se puede reproducir ese diseño en personas.
¿La dieta influye de verdad en el estado de ánimo? Hay evidencia de ensayos con personas de que mejorar la calidad de la dieta se asocia a menos síntomas de depresión, con un efecto más discreto sobre la ansiedad. Es una de las conexiones mejor sostenidas de este campo.
¿Un test de microbiota o un probiótico pueden tratar la ansiedad o la depresión? No. Ni diagnostican ni sustituyen la valoración y el tratamiento de un profesional de salud mental. Si los síntomas son persistentes, lo que corresponde es esa ayuda.
¿Merece la pena cuidar la microbiota por el ánimo? Como parte de una base de bienestar general (fibra variada, fermentados, sueño, movimiento y gestión del estrés) tiene sentido y evidencia detrás. Como tratamiento único o sustituto de la atención de salud mental, no.
Para ir más allá
Si quieres entender qué mide en concreto un análisis de microbiota y cómo se relaciona con la producción de ácidos grasos de cadena corta, está explicado en la guía de butirato.
Referencias
[1] J. Yano, K. Yu, G. Donaldson et al., "Indigenous Bacteria from the Gut Microbiota Regulate Host Serotonin Biosynthesis", Cell, vol. 161, n.º 2, pp. 264-276, 2015, doi: 10.1016/j.cell.2015.02.047
[2] V. Nikolova, M. Smith, L. Hall et al., "Perturbations in Gut Microbiota Composition in Psychiatric Disorders", JAMA Psychiatry, vol. 78, n.º 12, p. 1343, 2021, doi: 10.1001/jamapsychiatry.2021.2573
[3] J. F. Cryan, K. J. O'Riordan, C. S. M. Cowan et al., "The Microbiota-Gut-Brain Axis", Physiological Reviews, vol. 99, n.º 4, pp. 1877-2013, 2019, doi: 10.1152/physrev.00018.2018
[4] R. D. Heijtz, S. Wang, F. Anuar et al., "Normal gut microbiota modulates brain development and behavior", Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 108, n.º 7, pp. 3047-3052, 2011, doi: 10.1073/pnas.1010529108
[5] J. Firth, W. Marx, S. Dash et al., "The Effects of Dietary Improvement on Symptoms of Depression and Anxiety: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials", Psychosomatic Medicine, vol. 81, n.º 3, pp. 265-280, 2019, doi: 10.1097/PSY.0000000000000673
[6] W. Marx, M. Lane, M. Hockey et al., "Diet and depression: exploring the biological mechanisms of action", Molecular Psychiatry, vol. 26, n.º 1, pp. 134-150, 2021, doi: 10.1038/s41380-020-00925-x